Manifiesto de los participantes "Cuando vamos llegando a los 65,70..."

Muchos de nosotros llegamos a Manresa con cansancio físico y psicológico acumulado, con cierta aceleración vital, sin saber mucho lo que nos encontraríamos y sin unas expectativas definidas, pero con la intuición de que algo bueno nos depararía este curso. En cualquier caso, el curso nos ha supuesto un necesario alto en el camino en este momento de nuestra vida, para poder hacer más consciente nuestro momento vital, nuestra vocación y el sentido de nuestra vida

Poco a poco, la marcha del curso nos ayudó a irnos centrando y serenando. Nos ayudó a ello el ejercicio de releer nuestra propia historia al hilo de la Autobiografía de San Ignacio. Fue una manera concreta de reconciliarnos con nuestra historia y de hacer memoria agradecida de nuestras vidas. Y eso quedó aún más asentado con la experiencia que se nos brindó de los ocho días de Ejercicios Espirituales acompañados y personalizados; tiempo clave para profundizar en nuestra propia realidad personal y para sentirla y gustada como amada por Dios que hoy nos sigue llamando e invitando a proseguir las huellas del Señor Jesús.

A medida que el curso proseguía iba aumentando un grato clima comunitario entre nosotros y también nuevos aportes de los cursos siguientes que fueron de gran calidad y que nos descubrieron nuevos horizontes a cultivar en nuestra vida. Así, nos íbamos diciendo por dentro: “¡Qué bien que se está aquí! ¡Cómo disfrutamos con lo que vamos conociendo, viviendo y compartiendo!”

Gracias a un ritmo activo pero sereno, a unos tiempos amplios para poder orar, pasear y reflexionar con paz exterior e interior, y gracias también a un clima grupal muy fraterno, hemos ido cobrando conciencia de que ahora nos va a tocar vivir con más serenidad y pausa, sin tantos planes “pre-fabricados”, con una nueva mirada más agradecida y servicial hacia todo y hacia todos, con un redescubrimiento del valor de lo cotidiano de la vida, del cariño y de la cercanía que ahí se puede vivir, del corazón servicial y humilde que ahí se puede entregar. También de los límites que la edad y la salud nos vaya imponiendo: en esta etapa de nuestra vida ya no se trata tanto de hacer, cuanto de dejarse hacer, de confiar, de empezar a desprenderse, a abandonarse.

En definitiva, regresamos a nuestras tierras de origen profundamente agradecidos; porque este tiempo ha sido un regalo. Y nos vamos con una tarea; la tarea de vivir sanamente esta etapa de nuestra vida, sabiéndonos retirar de aquello que ya no nos corresponda, y sabiendo entregar gozosamente nuestros corazones en todo aquello que podamos aportar en bien del mundo y de los más desfavorecidos.

                                    Grupo de participantes del curso