Crónica de un participante del curso "El arte de vivir creativamente los últimos tramos de vida"

Amador, un participante del curso "Cuando vamos llegando a los 65-70...años", comparte con nosotros su valoración de la experiencia vivida durante su estancia en la Cueva de San Ignacio:

" Todos experimentamos que nos vamos haciendo mayores y que vamos pasando  por distintas etapas de la vida. 

Si yo tuviera que resumir el curso en una sola frase me quedaría con esta: LA VEJEZ NO ES ALGO QUE SUCEDE, SINO UNA OPORTUNIDAD PARA EMPRENDER UN VIAJE. 

Este curso en Manresa, organizado por los Jesuitas, lleva un título sugerente: El arte de vivir creativamente los últimos tramos de la vida. Puede ser el inicio de una etapa creativa llena de posibilidades de servicio gratuito y, sobre todo, un tiempo de densidad que nos enseñe a acoger con plenitud el misterio del Dios de la Vida; un período que no se puede improvisar y que no se ha de vivir a la defensiva.

En la primera semana, a la luz de la autobiografía de San Ignacio, y en su mismo lugar de transformación interior, hemos ido haciendo una relectura de nuestra propia autobiografía con la melodía de fondo de nuestra trayectoria personal; ¡qué riqueza y variedad de experiencias fluían de los relatos de cada uno de los participantes! La sala se convertía en un globo terráqueo con puntitos rojos en todos los continentes. Residentes de Argentina, Uruguay, subiendo por Perú hasta lo más alto de la cordillera andina en Bolivia; cruzando el canal de Panamá hasta llegar al Méjico lindo para terminar en las aguas cálidas del Caribe en la república Dominicana. Siguiendo la ruta contraria al sol llegamos hasta África, ese continente en forma de corazón, donde han trabajado algunos de los presentes; varios en el centro de África donde los diamantes y el coltán vuelven transformados en armas para avivar las luchas entre  los nativos que dejan  el campo libre a los traficantes y especuladores. La mayoría de los participantes somos de Europa, la cuna de tantos nacimientos y esperanzas, y de tantos fracasos y decepciones para los que vienen buscando el Dorado. Unos procedentes de Italia, otros de Inglaterra, otros de Portugal,  la mayoría de España,  de distintas congregaciones religiosas: Compañía de María, Jesuitinas, Sagrado Corazón, Jesús María, Ntra. Sra. de África, Vedrunas, Salesianos, Jesuitas, Claretianos, Maristas, Sacerdotes, Seglares; en total veintinueve.

Con esta preparación la entrada en los Ejercicios Espirituales personalizados  fue una inmersión suave y profunda en la cueva de nuestro interior y el objetivo del curso llegó a su culminación. ¡Qué ambiente y entorno de espiritualidad se vivió esos ocho días!  A ello contribuyeron el director y el equipo de acompañantes de los jesuitas de esta casa de Manresa que estuvieron en todo momento disponibles como un ejercitante más.

Estos ejercicios, han sido una vuelta al amor primero; un reencuentro después de tantos años. El sueño de Dios y el nuestro coindicen; estamos en la misma “empresa”, pero en distintos puestos de trabajo. Ya no miramos tanto los resultados como el estar a gusto y sentirnos felices con lo que hacemos. Las sustituciones traen métodos y aires nuevos y nos cuesta seguirles el ritmo; no queremos retirarnos, sólo pedimos  jubilación para hacer aquello que sabemos y que nos gusta con más calma, con más paz, con más hondura y  con más alegría.  Esperamos ser más creativos en esta nueva etapa de la vida. Haremos como el sol que sale y se pone cada día sabiendo que abajo el mundo cambia de color.

¿Qué podemos esperar a nuestra edad? Humanamente poco, pero desde lo más hondo de nuestra ser nos aferramos a la vida; no queremos que nada de lo nuestro se pierda; que la familia y los amigos continúen. Hemos optado por Jesús como modelo de hombre;  con El hemos caminado juntos; hemos compartido tantos proyectos, tantas ilusiones y esperanzas  juntos que no podemos vivir  el uno sin el otro. “Tú eres un cielo”; Jesús, Tú eres mi cielo.  

La gratuidad del amor primero provoca en nosotros esa motivación para seguir repartiendo el don que hemos recibido gratis. El voluntariado es para nosotros esa profecía de la gratuidad que nos permite que nos  realicemos simultáneamente como ciudadanos  y como cristianos.      

En este breve resumen no han aparecido nombres propios de ninguno de los profesores que con profesionalidad y cercanía han hecho que este curso haya sido una escuela de aprendizaje y de vida en este lugar emblemático de la espiritualidad ignaciana. Esta casa de los jesuitas está en un sitio privilegiado, con Montserrat al fondo y el río Cardener a sus pies. Pero mucho más importante que el edificio ha sido el recibimiento y la disponibilidad de toda la comunidad jesuítica de Manresa que nos ha acogido como miembros de su  familia y ha participado y compartido todas las actividades del curso con nosotros.

 

El viaje ha empezado ya; miremos a los lados  y caminemos juntos."