Manifiesto curso "Dos meses reciclaje 2020"

El curso que nos han brindado realizar en Manresa, propiamente más que un curso académico ha sido una experiencia integral e integradora de diversos elementos: la reflexión teológica, los aportes de las ciencias sociales, la espiritualidad, etc. Y ello de un modo dinámico, nada monótono. Hemos dispuesto de amplios espacios para darle más tiempo y más espacio a Dios en nuestras vidas, para rezar, reflexionar y contemplar la propia vida, las realidades y gentes de lo cotidiano, para ir poniendo nombre a las realidades vividas, para aprender a mirar más contemplativamente hacia dentro y hacia fuera, hacia lo hondo y hacia lo bajo. Además hemos ido siendo acompañados a lo largo de estos dos meses por diversos profesores que nos han ayudado a reflexionar y, sobre todo, a despertar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

            No es que tuviéramos unas grandes expectativas al llegar. Tal vez por eso, cuando uno no espera nada en concreto, es capaz de acogerlo todo con mayor agradecimiento. Y, con el transcurrir de las semanas, las expectativas iban en aumento. De hecho, desde el inicio, en que fuimos invitados a reconocer y redescubrir la fuente fundante de nuestra vida y de nuestra vocación, todo nos ha ido conduciendo a sostener una nueva mirada, sin cataratas, más amorosa, tierna y cercana, sobre nuestro mundo, sobre nuestros lugares de misión y las realidades que allí viven nuestras gentes. Así mismo, todo nos ha ido despertando hacia una nueva movilización, la de trabajar en el proyecto de Nuestro Señor en este mundo tan hambriento de esperanza y de bondad. Y, al final del proceso, la experiencia de los ocho días de Ejercicios Espirituales, nos ha ayudado a reposar lo vivido, de modo suave y afectivo, con el Señor; también a rehacer nuestra amistad íntima con Él para proseguir con Él el camino de la vida, siendo portadores de la alegría de su Evangelio en un mundo tan falto de esperanza. Y también nos ha aportado luz para ir discerniendo la voluntad de Dios en las encrucijadas de los caminos de la historia.

            En el curso hemos encontrado compañeros y compañeras de camino, con los cuales pudimos vivir una bonita experiencia de Dios. Formamos durante estos dos meses como una pequeña comunidad, con sus grandezas y limitaciones, como todas, donde compartir lo que somos y lo que nos mueve por dentro. Así nos fuimos descubriendo soñadores y trabajadores por un mundo más humano, justo y fraterno; místicos de ojos abiertos en comunión con esta creación y con su fuente trinitaria.

            También hemos encontrado una casa acogedora y confortable, con un personal de servicio muy atento, cordial y cariñoso, siempre dispuesto a ayudarnos en lo que fuera preciso. Ello nos ha ayudado a sentirnos durante estos dos meses como en nuestra propia casa.

            Regresamos a nuestras tierras de origen con la conciencia de estar viviendo en un mundo muy desigual en el cual la globalización ha generado ganadores y perdedores; en una aldea global donde cada vez se precisa más la tarea de la compasión y del generar nuevas esperanzas, así como la de colaborar – desde lo sencillo, pequeño y humilde - en la construcción de una comunidad humana más participativa y crítica. Es como si una nueva – o antigua – llama hubiera vuelto a encenderse en nosotros y ahora nos sentimos llamados a cuidarla y transmitirla. Una llama que está configurada por un apasionamiento que quiere ser más y más lúcido en el trabajo por la causa del Reino de Dios.

 

                  Miembros del curso “Reciclaje en Espiritualidad y Teología”. Manresa-2020